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El loco (Antonio Machado)

EL LOCO Es una tarde mustia y desabridade un otoño sin frutos, en la tierraestéril y raídadonde la sombra de un centauro yerra. Por un camino en la árida llanura,entre álamos marchitos,a solas con su sombra y su locura,va el loco hablando a gritos. Lejos se ven sombríos estepares,colinas con malezas y cambrones,y ruinas de viejos encinarescoronando los agrios serrijones. El loco vociferaa solas con su sombra y su quimera.Es horrible y grotesca su figura;flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,ojos de calenturailuminan su rostro demacrado. Huye de la ciudad... Pobres maldades,misérrimas virtudes y quehaceresde chulos aburridos, y ruindadesde ociosos mercaderes. Por los campos de Dios el loco avanza.Tras la tierra esquelética y sequiza—rojo de herrumbre y pardo de ceniza—hay un sueño de lirio en lontananza. Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!—¡carne triste y espíritu villano!—. No fue por una trágica amarguraesta alma errante desgajada y rota;purga un pecado ajeno: la cordura,la terrible cordura del idiota.Antonio Machado (Sevilla 1.875 -Collioure, Francia 1.939)

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