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Barack Obama: una oportunidad para América

Al elegir a Barack Obama, Estados Unidos no hará una concesión a los negros sino que se hará un favor, realizarán una operación de lavado de imagen y probablemente levanten un paradigma. Muchos se preguntarán si un hombre color y de apellido Gandhi puede ser premier de Inglaterra y el hijo de un argelino oscuro, presidente de Francia. Luchar contra el racismo implica determinación y acciones positivas.
Un amigo me contó que recién triunfante la Revolución Cubana, invitado por Fidel Castro, Joe Louis, el campeón mundial de boxeo, estuvo en La Habana y entre otras cosas quiso jugar golf. Al realizar la gestión pertinente en la instalación deportiva, mi amigo recibió una respuesta tajante: "En este club ─ dijo el dueño ─, los negros entran a servir, a podar el césped y a limpiar, no a jugar".
Enterado del caso, el entonces director del Instituto de Turismo, emitió una resolución nacionalizando el lugar y el negro norteamericano entró por la misma puerta por donde salió el blanco racista y arrogante, probablemente ignorante de que la admiración por el "Bombardero" estaba ligada no sólo a sus habilidades como atleta, sino a su entereza como representante del pueblo norteamericano.
En 1936, cuando ya Hitler se había apoderado del poder y el fascismo avanzaba hacía la guerra, en una noche infausta, Joe Louis fue noqueado por el alemán Max Schmeling, hecho que sirvió para que la maquinaria propagandística nazi presentara el combate como muestra, no sólo de la superioridad racial alemana, sino como símbolo de la decadencia de América. Los negros y todos los norteamericanos se sintieron lastimados.
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