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10, 9, 8, 7… (Entre el limbo y el infierno)

En las últimas décadas, a partir de los 60´s sobre todo, se han producido muchos intentos de cambio político, económico y social, en todos los ámbitos de expresión humana. Pero la fuerza, el impulso de esos intentos no fue el suficiente para que se abrieran camino estableciéndose en la sociedad, en el mundo. Por lo cual, pese a todas esas sacudidas telúricas, todo continuó aparentemente igual.
La insuficiente energía o empuje de esos intentos, no pudo tampoco hacer evidente la condición estructural, la trama económica, cultural y sicológica que nos agobiaba, generando sufrimiento, insatisfacción y el consecuente deseo de cambio. Porque es de suponer que no son las circunstancias gratificantes las que nos impulsan a cambiarlas.
Nadie puede asegurar con precisión cuanta influencia tuvo en todo ese acontecer el surgimiento y desarrollo de los medios de comunicación audiovisuales. Pero de cierto acompañaron e influyeron en la transición de una vida pueblerina, en la que poco a poco se fueron infiltrando cada vez a mayor velocidad informaciones del acontecer mundial.
La apertura de la conciencia popular, localizada y encerrada geográfica, climática y culturalmente al acontecer y quehacer global, sucedió teñido por un clima de lo que se dio en llamar guerra fría, y que en sencillo fue distraer y meterle miedo a la gente con un fantasma ideológico llamado comunismo, que vino a llenar el espacio del mal en la imaginería colectiva.
Podremos decir que probablemente no hubo momento en la historia en que no haya habido intentos de cambio, y que la ideología comunista o socialista hacía mucho tiempo que se enseñaba en las instituciones educativas. Pero una cosa son las charlas y tesis universitarias de profesores y estudiantes, y otra es como vive el común de la gente.
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